Por:Leonardo Gutiérrez Giraldo– Coach y consultor internacional

 

En mi niñez quise, de manera tal vez desesperada, un muñeco articulado de los que venían con los populares carros Tonka que algunos de mis compañeros de juegos tenían y difícilmente prestaban, esos carros pesados de metal, divertidos e indestructibles, que hoy nos parecerían peligrosos para los niños actuales. El muñeco llegó a mis diez años, cuando después de trabajar en unas vacaciones, yo mismo lo compré, en ese momento fui muy feliz y atesoré tal posesión como una de las más valiosas.

 

¿Eres realmente feliz con lo que tienes?o a pesar de tener tantas, sí tantas posesiones, algunas de ellas sin una justificación real de uso, ¿Aún sientes que te falta mucho por obtener?, vivimos en un mundo que cada día desea más y más, que fruto del mercadeo y la publicidad recurrente, de forma constante está buscando la satisfacción y la autocomplacencia y, que erradamente, ha creído que la búsqueda de la gratificación que necesitamos está en las posesiones materiales. ¿Qué pasa cuando obtenemos lo que queremos y no lo que necesitamos? que cada vez se amplía la brecha entre lo que somos y lo que creemos que somos, entre nuestro pensamiento y la realidad.

 

“El que espera, desespera”, reza el dicho, y esta parece haber sido la premisa que impulsó en la década de los 60 del siglo pasado, al psicólogo Walter Mischel de la Universidad de Stanford en Estados Unidos, el cuál llevo a cabo un experimento que revolucionó la visión que se tenía acerca de los factores que predecían que una persona pudiera alcanzar el éxito, tanto en el ámbito académico, como en lo emocional y lo social. Para comprobar su teoría, Mischel convocó un grupo de niños de entre cuatro y seis años, a los que les entregó un masmelo y les hizo la siguiente propuesta: si eran capaces de esperar alrededor de diez minutos sin comerse la golosina, les daría otra, pero, si no eran capaces de esperar y se la comían, no recibirían una segunda como premio. Para un niño, tal lapso es una eternidad, por esto, lo que se buscaba comprobar era qué niños podían ser capaces de aplazar la gratificación y quiénes eran más impulsivos. La prueba determinó que dos de cada tres niños no aguantaron la espera y se comieron el masmelo, sólo un tercio esperó para recibir el otro. Lo verdaderamente valioso de esta prueba, fue que después de unos años, cuando estos mismos niños asistían a la universidad o estaban comenzando su vida laboral; descubrieron que aquellos que habían esperado para obtener el segundo masmelo, eran los más exitosos, tenían mejores calificaciones o un mejor empleo. Los dos tercios que habían sido incapaces de esperar eran los que tenían peor empleo y menos éxito personal.

 

El hallazgo de Mischel, es lo que se ha llamado el Principio del Éxito, que propone que las personas que tienen la habilidad para aplazar la gratificación y evitan la autocomplacencia son las más propensas a tener éxito en su vida. Así que no siempre obtener lo que se quiere, por encima de lo que se necesita es lo mejor.

 

¿Es usted de los que se come el masmelo tan pronto lo tiene a su alcance?y cuando escribo masmelo, perfectamente podría acomodar en ese espacio, cualquier otro objeto o posesión que usted tiene ahora a la mano o está deseando tener tan pronto como sea posible. La autocomplacencia en la que vivimos, y a la que estamos arrastrando a los que nos rodean, nos ha hecho confundir lo deseado con lo necesario, lo valioso con lo costoso, lo que nos llena de orgullo, con lo que nos infla el ego. Afrontamos el conflicto emocional entre el deseo y su satisfacción inmediata o el beneficio a largo plazo; asumiendo comportamientos en los que prima la búsqueda del premio inmediato, aunque provoque un alto costo en el tiempo. La generalización de estas conductas en cada uno de nosotros, en las que anteponemos el cortoplacismo debido al mayor hedonismo y egocentrismo, termina dificultándonos el desarrollo de la capacidad de autocontrol.

 

¿Qué hicieron los niños que superaron con éxito el experimento?, aplicaron técnicas básicas de autocontrol, en este caso, silbar, cantar, mirar para otro lado, jugar con los dedos, etc. El autocontrol es la habilidad que tenemos nosotros mismos para decidir de manera autónoma en cualquier situación que se nos presente, orientando nuestras decisiones a aquello que realmente queremos lograr, entonces ¿Cómo mantener el autocontrol?

 

  1. Comer de manera regular: estudios neurobiológicos han demostrado que, al momento de buscar el autocontrol, nuestro cerebro quema glucosa, cuando esta baja, es más fácil sucumbir a los impulsos; por eso, nunca se debe ir a mercar con hambre. Esto también, sucede cuando no dormimos bien y nuestro cerebro está cansado.
  2. Hacer ejercicio: con tan sólo diez minutos de movimiento, se liberan neurotransmisores que alivian al cerebro y generan sensación de bienestar entrando en estado de flujo, cuando tenemos sensación de felicidad, no ansiamos más.
  3. Lo más importante es comprender que los deseos se comportan como las mareas, avanzan y retroceden, son verdaderas oleadas de deseo; decía Nietzsche que los pensamientos vienen cuando ellos quieren, y no cuando nosotros deseamos; el autocontrol es como un músculo y entre más lo ejercitemos, más fuerte se hará; la clave es esperar un poco aplazando la gratificación inmediata, se descubrirá después de un momento pensando más claramente y decidiendo que a lo mejor puede esperar o incluso ya no desear algo.

 

Practique cada día con pequeñas cosas, que le darán la fuerza y habilidad para enfrentar las más grandes y siempre pregúntese ¿Estoy obteniendo lo que quiero, o lo que necesito?

 

Leonardo Gutiérrez Giraldo

Master Coach, Coach Profesional y Comercial

certificado por la Global Coaching Federation

NLP – Master International Association for NLP de Suiza

Consultor Internacional certificado por Bureau Veritas

Sinergia Consultoría Organizacional

leonardo@sinergiaconsultoria.net

Twitter: @leogutierrezg

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